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martes, 2 de octubre de 2012

lunes, 3 de septiembre de 2012

Lo que vi el día que abrí la puerta


 Ese día, o esa noche, vi una horda de padres y madres desparramados en el espacio, coleando agitadamente al son de la música popular. Padres obreros, trabajadores de mono y horario completo, consumidores empeñados en mostrar una rebeldía tibia e incrédula.

Ellos y ellas, padres y madres, pululando en el espacio en el que buscan dónde dejar al infante, al Niño, que ha de ser Atendido.

Y ahí estoy yo cual Madre Faustina de Cala Vadella, en mi espacio, más allá de la puerta que acabo de abrir. El Niño en cuestión ha de ser tratado con cuidado, con absoluta discreción sobre su estado, silencio y devoción monjil, todo por el módico precio acordado.

Poco o nada importa el precio, lo que importa es que esté ubicado.

Frente a mi, el Niño se retuerce como un condenado: piernas, manos, hombros y rostro desencajados, descompuesto cual Picasso. Ahí está el Niño, tocado por el estigma del malformado, desnutrido o maldito, agitando los brazos frente a un Padre desubicado, que aparta la mirada horrorizado.

Claro, y no es para menos. De hecho yo abandono el lugar, huyo hacia una galería larga y estrecha donde mi Padre, el TodoPoderoso ungido por la ley de los elegidos, me dice “escucha, de un lado la gente, del otro el trabajo y del otro el nido. Es la receta”.

Estoy asimilando la receta cuando aparece un hada, una Vieja Pizpireta, especie de adolescente ajada que salta por los aires mientras ensarta bigas por lo alto. Vuela con la biga cual SuperEspaña, la Miss Argentina y la reina del Pecado. Increíble mina. Va lanzando las bigas como dados con fuerza y puntería, aunque falla en el último tramo. No es el hada tan infalible como creía.

De todas maneras hemos llegado a la cocina, hay cacerolas, platos, cubiertos dispersos. Descubro una sopa de letras con mejillones rojos y abiertos. La sopa es bonita, apetitosa, se ven las letras brillando en el tomate. Le meto un dedo y la pruebo, es a la vez dulce y salada, gustosa. Está calentita…“mmmhhh buen plato” pienso cuando aparece una fila de indios americanos, a cual más guapo y sonriente. Vienen cargados de cazuelas, son varios. Ante mis excusas y mi interés por quién ha cocinado, sonríen encantados, y repiten sonrisa cuando anuncio mi valoración: Excelente Trabajo.

El día que abrí la puerta se funde en la noche, cada tanto. Ayer se fundió en la playa junto a dos jovencitas que se soleaban. Una de ellas confesaba divertida “la oscuridad me confunde”, y luego risas. La oscuridad confunde y la luz ilumina, como con Rita. Una perrita que conocí en la Cala, paseando extraña. Iba dando saltitos y suspendiendo las patitas a la altura del pecho, bien rara Rita. Pues bien, parece que tiene una burbuja en el cerebro por un susto en el parto, y cree que es pata. A veces se contorsiona, o se excita, cual epiléptica maldita. Aunque por lo demás, una inteligente y feliz perrita según su dueña que la ama.

Hoy la puerta estaba entreabierta cuando entró el llanto de mi hijo. La puerta del mar estaba ahí, expuesta como una verdad descarnada, una injusticia velada que se deja sentir cada tanto en un gesto desesperado, el lento mugir de mi hijo atravesado, herido por el mundo y el sobrevivir a los Cuidados.

Arrastrado de dolor estaba también el pingüino herido de Diana, mi Gran Amiga, la Sorda que Ve lo que me ha sido vedado. Ella repara en un recuerdo bien atado, el padre la dejó de lado cuando quiso salvar al bicho malherido, llevándolo en el coche durante quilómetros en los que éste se defendía a picotazos. El pájaro luchaba contra la Salvadora, y en la bañera pudo ser bien atendido, sin veterinarios y con agua del lavabo.

“Al mar, de dónde ha venido” dijo en esa ocasión el Padre Ungido.

Y en el mar fue visto, el Niño con alas, aquel que me fue entregado por la tierra y el cielo, habitando en su isla encantada y con plantas de abrigo.

lunes, 27 de agosto de 2012

El mundo de mamá y la abuela Matilde


A veces nos preguntamos porqué es tan difícil educar a nuestros hijos. A veces, también, nos contestamos encogiendo los hombros y echándonos a la espalda la responsabilidad y la culpa.

Las preguntas como ésta son largas de contestar, en algunos casos parece que lleva una vida descifrar el mal humor, el grito atropellado o la impaciencia con que tratamos a los niños.

En el Children´s Spot acogemos una nueva edición de Mamá Mundo, un taller de teatro y creatividad que se propone indagar en las zonas ocultas de la maternidad: silencios, conflictos y dolores que amenazan con oscurecer el maravilloso mundo de mamá.

En esta nueva edición, que hemos titulado Abuelas, madres, hijas, nos proponemos trabajar la perspectiva maternal con un enfoque integrador de las distintas edades que conviven en el cuerpo de la mujer. Con talante indagador y espíritu pacificador, vamos desentrañando los enigmas de las madres hasta alcanzar algún claro de comprensión.

En esa estábamos el pasado domingo 26, cuando apareció la abuela Matilde en plena improvisación, delirante caricatura del desamor, a contarnos los secretos de su nieta.

Abuelas, madres e hijas danzaron en la sala de trabajo saltando sin poder saltar, dando guerra a un dolor atragantado y sonriendo frente a insólitas islas de amor y contención, eterno gozo del pasado.

Es éste un taller vital y esperanzador que abre puertas hacia adentro, donde está exactamente la llave que estamos buscando.

¡No te pierdas la próxima ocasión!

 La abuela Matilde en el Children´s Spot

martes, 14 de agosto de 2012

¡Aquí estamos!

Rastrea nuestras huellas...  ¡aquí estamos!
Descansaremos el 15 de agosto... el calor no deja escapatoria. Pero a partir del 16 estaremos en el Spot con castillos de arena, con charlas, cuentacuentos y talleres de teatro.
Ven, ven, ven..


lunes, 6 de agosto de 2012

Cautivos del bien y el mal

Me he propuesto escribir este blog como un cuaderno de viaje de lo que vivo diariamente en el Spot. En ese sentido me excuso si la forma no está elaborada. Guiso, limpio, canto y pinto a todo trapo, mientras ríen, juegan y corretean a mi alrededor tres niños de 3 y 4 años.
Grandes astronautas, pintores, pilotos y lavaplatos, alborotados y numinosos los niños me tienden de vez en cuando una emboscada cuentacuentos. El trato es genial: en el cuento yo avanzo y pregunto, ellos responden. Nos encotramos sobre la colchoneta, yo reducida a pajarito herido, mi hijo Yvo cual león rugiente se lanza contra mi estómago y grito de dolor: ¡Aaaaaaaaaay!
Se detiene el juego e Yvo se pregunta, espeta, llora de desconsuelo por la incomprensión:¿¡ Pero yo soy el león, el gruaauu es malo, y come a pipí (pajarito, o sea yo). Claro.

jueves, 19 de julio de 2012

Luz de mi sombra

Hemos despegado. En el Spot circulan pequeñas cantidades de niños y niñas, de distintas edades, de distintos lados. Todos ellos potencialidad pura y emocionalidad arrolladora.
En estos días en que estamos empezando aparecen los primeros indicios respecto a la dirección y esencia de nuestro trabajo. Chiquillos deseosos de hacer a los 4 años que se convierten en púberes orientados hacia el beneplácito del profesor, en un remolino  de feroz competición.
Esta historia es conocida. Muchos fuimos forzados a abandonar el espacio de la libre creatividad, de la expresión y la exploración gozosa para adentrarnos en los vericuetos puntiagudos de las aulas. El bien y el mal se instalaron en nuestro sistema nervioso y fueron configurando un ser de luz, el buen alumno, y uno de sombra, el cachafaz, sinverguenza o desgraciado.
Así es como opera la educación que hemos inventado, disociando la luz de la sombra, lo bueno de lo malo divorciado, cada aspecto por su lado.

Nada más pobre y lineal que el Ser atrapado en la luz de su sombra o en la sombra perdida de su luz. Suerte que en el Spot vamos mezclando luces y sombras, bueno y malo, suspensos y aprobados para llegar al ser  humano. ¡Y suerte que tenemos manos!



Ilustración de Gloria Vives Xiol